Boda de una novia sirena… bajo las aguas del Mar Caribe – Fotos

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¿Creías que lo habías visto todo? Seguro que una boda en el mar no, ¡o incluso debajo del agua! Porque, aunque no te lo imagines, hay personas que gozan tanto con el mar que desean sentirse sirenas por un día. Para ello, ¿qué mejor que su gran día?

Susana Zamos y Jovany Garzon, de Boston (Estados Unidos), dieron el paso y se casaron de esta manera, aunque todo fue idea de Susana. Su sueño no era otro que el de convertirse en la Sirenita por un día, o, mejor dicho, en una novia-sirena que pudiera dar el “sí, quiero” empapada de las agua del Mar Caribe.

 

Según el DailyMail la organización de la boda fue retadora. Los organizadores contratados hablaban de la imposibilidad de montar un evento de estas características. Así, la esperanza de Susana empezaba a apagarse. Hasta que llegó Sol Tamargo. Esta fotógrafa, propietaria del estudio Del Sol Photography, quedó encantada con la posibilidad de capturar una boda tan original. “La idea de una boda en el agua era increíble. Ya me imaginaba las extraordinarias fotografías que haría. ¿Cuándo volvería a tener la oportunidad de tomar imágenes de una boda en el océano, con una tabla de sur haciendo de altar?”.

 

Pero, aunque la boda tuvo toques excéntricos, no perdió un ápice de buen gusto y lujo. Para empezar, el mar escogido no fue una masa de agua más, sino el mismísimo Mar Caribe. En concreto, fue la isla de Cozumel desde la que partieron con dos catamaranes a la Playa El Cielo, donde les acompañaron 100 invitados. 

Y, como en todas las bodas, ella, que además había fraguado la idea, fue el centro de todos los focos. Su vestido era, ni más ni menos, que de Maggie Sottero, con un tono rosáceo que se salía de la norma, regla general en esta increíble e inusual boda. Cuando se sumergió en el agua, bailó como un haz de luz diluido, como un algodón de azúcar eterno, como una pintura impresionista en movimiento.

Sol Tamargo y su equipo recogieron todo. Desplegaron un sistema impresionante de ocho fotógrafos, algunos de los cuales se atrevieron con drones para captar momentos desde las alturas. Pero, sin duda, las fotos más especiales procedían de las profundidades marinas, como si de un libro de Boris Vian se tratara. Es sorprendente cómo una boda, el acontecimiento familiar más multitudinario que existe, quede silenciado tan bellamente cuando te introduces bajo el agua y observas el mundo desde otra perspectiva. Allí, la vida pasa lenta y distorsionada, como si los novios estuviesen solos en el mundo.